domingo, 27 de junio de 2010

Entre las muchas cosas en las que debemos ocuparnos los padres, está el preparar a nuestros hijos para que hagan sus propios convenios eternos. Nos quedamos tranquilos, pensando en todo lo que aprenden en la Primaria. Más teniendo en cuenta que cuando aprendieron la canción ‘Me encanta ver el templo’, no dejaron de cantarla por tres semanas seguidas, descubriendo que muchas veces hasta la bailaban a escondidas. Sabemos que las clases que reciben cada domingo en el Sacerdocio o en Mujeres Jóvenes, también son una buena ayuda para marcarles el camino a seguir. Si van a Seminario, nos daremos cuenta que allí recibirán mucha de la instrucción que más tarde escucharán en el templo. Pero no es suficiente. Nuestra responsabilidad como padres también implica un compromiso personal de enseñarles claramente qué significa hacer convenios sagrados, qué se puede lograr ...
al asistir al templo, y cómo nuestra vida se ve rodeada de símbolos que nos recuerdan quienes somos. La mayoría de las veces nos limitamos a comentarios como: “¡Es espectacular! ¡Es la experiencia más sorprendente!” o “Cuando vayas al templo vas a entender. Lo más importante lo vas a aprender allí”. “Vas a sentir el Espíritu tan fuerte que te darás cuenta de muchas cosas que no sabías”, pero no es lo que realmente les dará la preparación necesaria. Hay muchas cosas que podemos decirles a nuestros hijos en cuanto a su preparación personal para asistir al templo por primera vez y lo que deben esperar de esa experiencia. Muchas veces los obispos invitan a aquellos que van a ir por primera vez a tomar el curso de Preparación para el Templo. Si no es así, nosotros podemos utilizar ese manual para leerlo juntos y aclarar sus dudas. Mi maestra de la Escuela Dominical del curso de jóvenes adultos, en algunas clases nos decía: “esta escritura la van a escuchar en el templo o está relacionada con los convenios que harán; piensen en ella”. Yo comencé a marcar con color diferente esas escrituras y estaban en casi todos los libros canónicos. Sin darme cuenta, estaba leyendo parte de las promesas que allí hacemos. Entonces al asistir al templo no resultaron palabras extrañas para mí. Si nuestros hijos cumplen con las metas del Progreso Personal y Mi deber a Dios, estarán leyendo escrituras sobre el sacerdocio, los convenios y el templo. Aprovechar la Noche de Hogar para desmenuzar los mismos versículos que tienen en sus programas de metas y aclarar dudas, brindar una mejor explicación, profundizar y aplicar a nuestra realidad, es una buena herramienta para ayudar a que cada hijo tenga casi una preparación individual. Por Karina Michalek de Salvioli
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