sábado, 27 de febrero de 2010

jueves, 25 de febrero de 2010



amplia con un Clic


miércoles, 24 de febrero de 2010

lunes, 22 de febrero de 2010

domingo, 21 de febrero de 2010

BUQUEBUS

BannerFans - Free Banner Maker

BannerFans - Free Banner Maker

BANNER

Como crear un banner online

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Posted: 20 Feb 2010 07:19 PM PST


Si queremos crear un banner online gratis tan solo debemos seguir estos sencillos pasos,

Primero y antes que nada debemos ir a esta página:=> Bannerfans una vez dentro de la página podemos elegir el color y el tamaño de nuestro banner para eso solo debemos ir a "Layout" ahí podremos seleccionar el tamaño de nuestro banner en la parte izquierda y el color en la parte derecha.


Una vez seleccionado los colores y el tamaño del banner ya podemos y a "Text & Fonts" ahí podemos escribir el contenido que queramos que aparesca en nuestro banner, y a la derecha podemos seleccionar el tipo de fuente y el color de la letra.

Una vez escrito el contenido saltamos a "Border" en este apartado podemos escoger entre distintos bordes para nuestro banner o dejarlo sin borde a nuestro gusto.

Y ya en el último apartado llamado "Format" elegiremos el formato en el que queremos guardar nuestro banner podemos elegir entre JPG, PNG o GIF, una vez seleccionado el formato hacemos click en Download banner y nos descargamos el banner a nuestro pc y listo ya hemos creado un banner de calidad y totalmente gratis.

viernes, 19 de febrero de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

miércoles, 17 de febrero de 2010

martes, 16 de febrero de 2010

CRE en formacion

Centro de Recursos de Empleo(CRE)
crep

Es difícil encontrar buenos empleados

¡Los Servicios de Recursos de Empleo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pueden prestar ayuda!

El encontrar y contratar buenos empleados que aporten una contribución positiva a las compañías es un desafío difícil. Los Servicios de Recursos de Empleos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pueden ayudar a reducir riesgos de contratación al poner a empleadores en contacto con una fuerza laboral de personas a los que se les ha enseñado principios de confiabilidad, responsabilidad y de progreso continuo.

¿Cómo funciona?

El servicio profesional de referencias del Centro de Recursos de Empleo (CRE) no cobra ninguna tarifa a la persona que busca el trabajo ni a su eventual empleador, sino que representa un recurso de trabajadores de calidad. Los postulantes del CRE provienen de diversos sectores, desde profesionales con alto nivel de preparación académica hasta obreros principiantes.

El CRE ayuda a los que buscan empleo sin considerar género, raza, nacionalidad, religión, educación ni grado de destreza. Nuestra meta es relacionar buenos empleados con buenos empleadores.

Nuestros beneficios:

* Referencias de postulantes o aspirantes capaces y con motivación
* Ningún costo para los empleadores o para los postulantes al empleo
* Red mundial en mas de 30 países
* Personal profesional y capacitado
* Contactos en la comunidad

¿Cómo puedo saber más?

Sea cual fuere su necesidad, ya sea como candidato aplicante a una posición de trabajo o como empleador eventual en búsqueda de candidatos idóneos, usted puede ponerse en contacto con cualquiera de nuestros Centros de Recursos de Empleo (CRE) disponibles dentro de su localidad. Allí se le informara en cuanto a las diversas maneras de trabajar juntos para satisfacer sus necesidades de contratación.



Centro de Recursos de Empleo de la Republica Dominicana:

Av. Correa y Cidrón # 10, 3er nivel, Edificio Instituto de Religión Santo Domingo, Zona Universitaria

Teléfono: 809-686-0509

viernes, 12 de febrero de 2010

Probador Musica

http://www.youtube.com/watch?v=Ou6_MkIvKOo

miércoles, 10 de febrero de 2010

ARCHIVO DE CUENTOS

Aprender a comunicarse

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. "¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra
Majestad", dijo el sabio. "¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!", gritó el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: "¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes". Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: "¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo sabio respondió: "Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado."


Baal Shem Tov
Esta historia nos cuenta de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov Baal Shem Tov era conocido dentro de su comunidad porque todos decían que él era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba. Se había hecho una tradición en este pueblo: Todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaba algo que no habían podido conseguir iban a ver al rabino. Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único, que él conocía, en medio del bosque. Y una vez allí, cuenta la leyenda, que Baal Shem Tov armaba con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja... como si fuera para él mismo. Y dicen... que Dios le gustaban tanto esas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión de gente en ese lugar del bosque... que no podía resistir el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que ahí estaban.
Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie sabía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo... Pero conocían el lugar en el bosque. Sabían cómo armar el fuego. Una vez al año, siguiendo la tradición de Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo lugar en el bosque, prendían el fuego de la manera en que habían aprendido del viejo rabino, y como no conocían las palabras cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban de cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego.
Y dicen... que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el bosque y de esa gente reunida... que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual concedía los deseos a todos los que ahí estaban. El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo... Y aquí estamos nosotros.Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.No sabemos cuáles son las palabras.Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego a la manera que Baal Shem Tov lo hacía... Sin embargo hay algo que sí sabemos: Sabemos esta historia,Sabemos este cuento...Y dicen... que Dios adora tanto este cuento...que le gusta tanto esta historia...que basta que alguien la cuente...y que alguien la escuche...para que Él, complacido,satisfaga cualquier necesidady conceda cualquier deseoa todos los que están compartiendo este momento... Amén... (Así sea...)

Compartiendo la Luz
Hu-Song, filosofo de Oriente, contó a sus discípulos la siguiente historia:
"... Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada . Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia tea y así compartiendo la llama con todosla caverna se iluminó".
Uno de los discípulos preguntó a Hu-Song:
¿Qué nos enseña, maestro, este relato?
Y Hu-Song contestó : Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.
"El compartir nos enriquece en lugar de hacernos mas pobres"
"Los momentos más felices son aquellos que hemos podido compartir"
Que Dios nos dé siempre la luz para iluminar a todos los que pasen por nuestro lado. La verdadera amistad es flor que se siembra con honestidad, se riega con afecto y crece a la luz de la comprensión.
De igual modo si iluminas tu corazón con amor, puede que ilumines a otro corazón, así se pueden llegar iluminar a miles de corazones con amor.

Corazón de cebolla

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombrea de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales.
Cada una tenía un color diferente: rojo,, amarillo,, naranja , morado........ El caso es que los colores eran irísados, deslumbrados, centellantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo. Después de sesudas investigaciones sobre la causa de corazón ( porque también las cebollas tienen su propio corazón), una piedra preciosa.
Esta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella una lapiziázuli, de las más allá una esmeralda....... ¡ Una verdadera maravilla !

Pero por una incomprensible razón se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular como eran por dentro. Hasta empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.

Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que no entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una - ¿ Por qué no eres como eres por dentro ? Y ellas le iban respondiendo: - Me obligaron a ser así..... - Me fueron poniendo capas..... incluso yo me puse algunas para que no me dijeran..... Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente vio llorando, pensó que llorar ante las personas era propio de personas muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será hasta el fin del mundo.
Esta bella historia me encanto y me hizo pensar ¿ cuántos hemos permitido que nuestro corazón este escondido?
¿ y tú tienes corazón de cebolla?

Todo lo que pasa en tu vida, obra para bien...
Un minero Cristiano tenia su hora más especial en el trabajo, era la hora del almuerzo, pues a esa hora él disfrutaba de la comida que con esmero le preparaba su amada y consentida esposa.
Un día llego a su hora especial y al destapar su almuerzo encontró una comida exquisita y diferente pues hasta al momento nunca había llevado una así.
Muy agradecido cerró sus ojos y oro mucho más que de costumbre en agradecimiento al SEÑOR por el alimento suministrado y por la preciosa esposa dada. Cuando terminó la oración y abrió sus ojos para consumir su almuerzo, ¡oh sorpresa!!!!, el almuerzo había sido robado, en ese instante se lleno de coraje, levantó sus ojos al cielo y dijo: ¿cómo SEÑOR permites que mientras yo estoy orando el diablo robe, pues acaso no te estaba agradeciendo...?
No entendía como había podido pasar esto, miro su bolsillo y sólo tenía lo del pasaje para regresar a su casa que estaba a 2 Km. y el restaurante más cercano estaba a 1.5 Km. y sentía hambre, ante lo cual decidió ir a comprar el almuerzo al restaurante pues no podía seguir trabajando así. Llego al
lugar y pidió el mejor almuerzo, y con una mano sobre el sólo dijo: Señor bendicelo...
Al empezar a comer escucha una gran explosión proveniente de la mina en la que trabajaba.
Solo pudo exclamar gracias SEÑOR y de rodillas pedir perdón por no haber entendido en su momento por qué habian sucedido las cosas así.
Nada, en la vida del cristiano, es como se ve y se piensa. Cada suceso en nuestra vida tiene un propósito de DIOS y aunque en el instante no lo veamos, EL después nos lo enseñará.



Tus Lagrimas

Cuentan que había una vez un señor que padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.
Desde la muerte y durante años no podía dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía.
Un día, cuenta el cuento, aparece un ángel en su sueño.
Le dice: - Basta ya.
- Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más.
El ángel le dice:
- ¿Lo quieres ver?
Entonces lo agarra de la mano y lo sube al cielo.
- Ahora lo vas a ver, quédate acá.
Por una acera enorme empieza a pasar un montón de chicos, vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida entre las manos, como uno se imagina el cielo con los angelitos.
El hombre dice:
- ¿Quiénes son?
Y el ángel le responde:
- Éstos son los chicos que han muerto en estos años y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros...
- ¿Mi hijo está entre ellos?
- Sí, ahora lo vas a ver.
Y pasan cientos y cientos de niños.
- Ahí viene- avisa el ángel.
Y el hombre lo ve. Radiante, como lo recordaba.
Pero hay algo que lo conmueve: entre todos es el único chico que tiene la vela apagada, y él siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo.
En ese momento el chico lo ve, viene corriendo y se abraza a él.
Él lo abraza con fuerza y le dice:
- Hijo, ¿ por qué tu vela no tiene luz? ¿no encienden tu vela como a los demás?
- Sí, claro papá, cada mañana encienden mi vela igual que la de todos, pero... ¿sabes qué pasa?, cada noche tus lágrimas apagan la mía.

Disfrutalo con los ojos del Alma y sentiras sonreir a tu corazón

Echaron otra vez a andar, caminaron y caminaron, y llegaron a otro pueblo. El sabio se sentó en el brocal del pozo según su costumbre. Chao Mu escuchaba atentamente sus palabras. Las personas eran otras, las situaciones distintas, pero las palabras seguían siendo las mismas, y el joven se acostumbró a encontrárselas de pueblo en pueblo.
A veces, alguno se levantaba y solicitaba seguir al sabio, apartándose de lo conocido para ir hacia la novedad. Éste recibía una enseñanza del maestro. Algunos le abandonaban enseguida, para ir solos más lejos o para volver a sus pueblos.
Pasó el verano y llegó el otoño. Cuatro discípulos acompañaban entonces al sabio. Chao Mu empezaba a percibir mejor la vida en los elementos, en los animales y en todo lo que existía a su alrededor. Un día, dirigiéndose al sabio, le dijo:
-Quisiera saber de dónde vengo, conocer la energía que me anima. ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? Y eso ¿vale la pena?
El sabio le sonrió con mucha dulzura.
-Todas las preguntas de tu corazón encuentran su respuesta. Ten paciencia.
A lo largo de los meses que siguieron, yendo de pueblo en pueblo, deteniéndose a orillas de los ríos o sentado bajo un árbol, Chao Mu aprendió mucho: acerca de su disciplina, de sus limitaciones, de su equilibrio o su desequilibrio. Se conocía mejor. Sin embargo, tenía la sensación de no estar aún más que al principio del camino.
Cuando llegó el equinoccio de otoño, los discípulos se agruparon alrededor de su maestro para celebrar ese especial momento del año. Hicieron juntos un fuego y el sabio, añadiendo leña, pronunció las siguientes palabras:
-Que el calor de este fuego se manifieste a través de nosotros a todos los que encontremos en nuestro camino. Que su luz se perciba a través de las tinieblas más espesas.
Al día siguiente el sabio se dirigió a un pueblo grande y se sentó en una piedra, al lado del pozo.
Un hombre se acercó para pedirle consejo.
-Oh, maestro, mi familia siempre está enferma y mi ganado no medra. Cada mañana despierto pensando en los problemas que el nuevo día me traerá.
Después de mirarle con atención, el sabio dijo:
-Para empezar, vas a quitarte este manto negro que llevas. Ahora, vamos a ver lo que ocurre en tu casa.
La casa que vieron estaba pintada de rojo y amarillo, y decorada con motivos negros.
Vuelve a pintar tu casa de blanco, con un poco de azul aquí y allá -le ordenó el sabio al campesino. Luego prosiguió su visita, pidiéndole a la mujer del campesino que cambiase también el color de su ropa, observando a los niños e indicando qué colores utilizar en cada dependencia de la casa. Para acabar, aún le dijo al hombre:
-Y ahora, empieza a vivir.
-Cuando estuvieron a cierta distancia de la casa, Chao Mu no pudo evitar el expresar su sorpresa:
-¿Por qué cambiar tantas cosas en la vida de este hombre? ¿Por qué no les has hablado más bien de la felicidad ni le has dedicado palabras sabias? ¿Por qué no le has enseñado a ver la belleza como a nosotros nos enseñaste?
-Porque ése no era el origen de sus dificultades ni del desequilibrio de su familia. El mundo terrestre está compuesto por cosas positivas y negativas, por ácido y álcali. Cada color, cada prenda de vestir, es positivo o negativo -explicó el sabio-. Por ejemplo, el rojo, el amarillo el naranja y el negro son colores negativos; el índigo, el azul, el violeta y el blanco son colores, positivos. El verde es neutro. La seda y la lana son positivas, el algodón es negativo. Los gatos son negativos, los perros positivos. El alimento es ácido o alcalino. Ocurre lo mismo con la música y con todas las cosas de este mundo. Es así como, buscando el equilibrio en su entorno, este hombre mejorará su vida.

El otoño avanzaba, el tiempo cambiaba y Chao Mu tenía tiempo libre para meditar en las palabras de su maestro. Le sorprendía la importancia de la acidez o de la energía negativa en la vida humana.
El frío aumentaba de día en día y empezó a nevar. El grupito se dirigía hacia las montañas. El sabio había enseñado a sus discípulos cómo conservar el calor con la fuerza del pensamiento, sin necesidad de muchas prendas de vestir.
Cada noche, reunidos alrededor del fuego, se aprovisionaban de calor para toda la noche.
Esa noche, en lugar de dormir como sus compañeros, Chao Mu observaba los ojos de un conejo en la nieve y los de un corzo que miraba el fuego, mientras revisaba mentalmente todo el saber que había recibido. Admiraba la blancura de la nieve. Ya no le sorprendía que siempre le hubiese gustado tanto... lo blanco es positivo y esa blancura le prestaba energía. El frío es positivo, el calor negativo... el sol es positivo, la luna negativa...
Vio entonces que el sabio se levantaba, cargaba su hatillo a la espalda y se marchaba. Chao Mu le imitó y el maestro se llevó un dedo a los labios para recomendarle silencio. Los dos se alejaron. La nevada caía copiosa, borrando las huellas de sus pasos detrás de ellos.

Por la mañana llegaron a un valle, en cuyo fondo se alojaba un gran monasterio. Se veía llegar de todas partes Sabios del Manto color Ciruela, cada uno de ellos acompañado por un solo discípulo.
Cuando se encontraron al pie de las murallas, el sabio se volvió a Chao Mu y le dijo:
-¿Ves esta silla de bambú? Es la tuya. No te levantes bajo ningún pretexto hasta que venga a buscarte.
Y el sabio desapareció en el monasterio con los otros monjes. Era el día del solsticio de invierno.
Chao Mu observó a los treinta y dos discípulos que estaban sentados en círculo con él, cada uno en una silla de bambú. Algunos parecían más experimentados que otros, como si hubiesen pasado por momentos duros. Esa noche, una gran luminosidad bañó el monasterio y los discípulos oyeron cantar a los sabios celebrando el solsticio de invierno, el nacimiento del sol. Chao Mu esperaba que su maestro fuese a buscarle por la mañana. Pero no pasó nada. Esperó todo el día, y luego llegó la noche y hubo gran agitación entre los discípulos.
Chao Mu sintió hambre y recordó que llevaba una galleta de arroz en el bolsillo. Comió un bocado y chupó un poco de nieve para aplacar la sed.
De repente, un discípulo se levantó y se dirigió hacia los matorrales en busca de algo que comer. Misteriosamente, su silla desapareció; cuando regresó, ya no había lugar para él. Miró por todas partes, desesperado, y acabó comprendiendo que tenía que marcharse.
Pasaron los días, se convirtieron en semanas. Poco a poco, las sillas iban desapareciendo: o bien un discípulo se desvanecía y caía al suelo, o se levantaba.
En primavera no quedaban más que diez que hubiesen soportado el invierno y que ahora vivían las lluvias primaverales y la nueva floración. Aprendían a atrapar al vuelo una hoja llevada por el viento y a masticarla lentamente, o a comer lo que crecía próximo, una raíz o una hierba. La disciplina no sólo les había curtido sino que había agudizado sus percepciones. Llegó el verano y, con él, el calor sofocante. Ya no quedaban más que cuatro. En otoño, quedaban dos.
Los músculos de Chao Mu se mantenían sólidos y su espalda derecha. Podía relajarse y llenar cada parte de sí mismo de conciencia y calor. Le bastaba pensar en bayas o raíces... y se materializaban sobre sus rodillas; le bastaba pensar en agua... y su cuenco estaba lleno. Llegó un día en que se quedó solo. Era la vigilia del solsticio de invierno.
Ése fue el día en que regresó el sabio. Ven conmigo -le dijo a Chao Mu. Cuando el joven se levantó vio a un nuevo discípulo a quien el sabio hacía sentar en la silla de bambú. Le hubiese gustado hablar con él, advertirle de lo que le esperaba. Pero sabía que no tenía que hacerlo.
El sabio le hizo entrar en el monasterio, a él, que era el único que había quedado en todo el año, para celebrar la fiesta del solsticio en compañía de todos los sabios.
Chao Mu preguntó entonces:
-¿Qué pasa aquí? Al parecer sólo un discípulo consigue mantenerse fiel y en su puesto durante todo un año.
-Sí -respondió el sabio-. Cada año se retira uno de los treinta y tres que somos, cuando ha completado su trigésimo tercer periplo. Tras un año en el monasterio, estarás preparado para ser un Sabio del Manto de color Ciruela y reemplazarás a uno de nosotros.
Y así se hizo.

Han pasado los siglos, los sabios han dejado su manto pero la tradición no muere. Manteneos atentos. ¿Tal vez habéis encontrado a uno de esos treinta y tres sabios en vuestras vidas? ¿Quién sabe? La vida es tan misteriosa...

FUN-CHANG "Los Sabios de la Tunica Color Ciruela"



El barbero y Dios
Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba.Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía.Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas.De pronto, tocaron el tema de Dios.El barbero dijo:- Fi'jese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.- Pero, ¿por qué dice usted eso? -pregunta el cliente.- Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. Oh... dígame, ¿acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos?¿ Habría niños abandonados?Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad.Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión.El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recien abandonaba la barbería, vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo; al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.- ¿Sabe una cosa? Acabo de darme cuenta que los barberos no existen. - Cómo que no existen? -pregunta el barbero- Si aquí estoy yo y soy barbero.- ¡No! -dijo el cliente- no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.- Ah, los barberos si existen, lo que pasa es que esas personas no vienen a mi.- ¡Exacto! -dijo el cliente-

El destino
Erase una vez en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles juntos y soñando sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo, "Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo sería el baul de tesoros más hermoso del mundo"
El segundo arbolito miró un pequeño arroyo realizando sus caminos al oceano y dijo , "Yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar a reyes poderosos sobre mi. Yo sería el barco más importante del mundo.
El tercer arbolito miró hacia el valle que estaba abajo de la montaña y vió a hombres y mujeres trabajando en un pueblo trabajador.
"Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Yo quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se pare a mirarme, ellos levantarán su mirada al cielo y pensaran en Dios. Yo sería el árbol más alto del mundo
Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron alto.
Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña.
El primer leñador miró al primer árbol y dijo "Que árbol tan hermoso que es éste", y con la arremetida de su hacha brillante, el primer árbol cayo.
"Ahora me deberán convertir en un baul hermoso, debería contener tesoros maravillosos", dijo el primer árbol.
El segundo leñador miró al segundo árbol y dijo: "Éste árbol es muy fuerte, es perfecto para mí". Y con la arremetida de su hacha brillante, el segundo árbol cayó. "Ahora debería navegar aguas temibles", penso el segundo árbol, "Debería ser un barco importante para reyes temidos y poderosos".
El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el último leñador lo miró. El árbol se paró derecho y alto y apuntando ferozmente al cielo.
Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba y dijo "Cualquier árbol es bueno para mí. Y con la arremetida de su hacha brillante el tecer árbol cayó El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería, pero el carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales de granja. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni llenado de tesoros sino que fue cubierto con polvo de cortadora y llenado con alimento para animales de granja hambrientos.
El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso aquel árbol fuerte fue cortado y convertido a un simple bote de pesca, era demasiado chico y debil para navegar en el oceano, ni siquiera en un rio, y fue llevado a un pequeño lago.
Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento. "Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebe", le dijo su esposo a la mujer, la madre le apreto la mano a su esposo y sonrió mientras la luz de la estrella alumbrabaa la madera suave y fuerte de la cuna, Y la mujer dijo, "este pesebre es hermoso". Y de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro más grandedel mundo.
Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedo dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro del lago.
De repente, una impresionante y aterradora tormenta llegó al lago, el pequeño árbol se llenó de temor, el sabia que no tenia la fuerza para llevar a todos esos psajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El hombre cansado se levantó, El se paro y alzando su mano dijo, "calma". La tormenta se detuvo tan rapido como comenzo Y de repente el segundo árbol supo que el llevaba navegando al rey del cielo y de la tierra.
Un viernes en la manana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacen de madera olvidado. Se asustó al ser llevado a través de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintio feo, aspero y cruel. Pero un domingo en la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera,el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo.
Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, y cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, ellos pensarían en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol mas alto del mundo.
La próxima vez que te sientas deprimido porque no sucedió lo que tú querías, solo siéntete firme, y sé feliz porque Dios está pensando en algo mejor para darte...

El vendedor de globos
Una vez había una gran fiesta en un pueblo.Toda la gente había dejado sus trabajos y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa linda una pudiera imaginarse.Los niños eran quienes gozaban con aquellos festejos populares.Había venido de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales amaestrados y domadores que les hacíanhacer pruebas y cabriolas.También se habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores, que ofrecían golosinas, alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí los pesos que sus padres o padrinos les habían regalado con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajitos extras.Entre todas estas personas había un vendedor de globos.Los tenía de todos los colores y formas. Había algunos que se distinguían por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban a algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los globos eran originales y ninguno se parecía al otro.Sin embargo, eran pocas las personas que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían para comprar algunos.Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso, en un momento en que toda la gente estaba ocupada en curiosear y detenerse, hizo algo extraño.Tomó uno de sus mejores globos y lo soltó.
Como estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó a elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de todo lo que había en la plaza.El cielo estabaclarito, y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo que trepaba y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento quieto de aquella hora.El primer niño gritó: -¡Mira mamá un globo!Inmediatamente fueron varios más que lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el vendedor ya había soltado un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más grande. Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara de mirar lo que estaba haciendo, y se pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo de ver como un globo perseguía al otro en su subida al cielo.Para completar la cosa, el vendedor soltó dos globos con los mejores colores que tenía, pero atados juntos. Con esto consiguió que un tropilla de niños pequeños lo rodeara, y pidiera a gritos que su papá o su mamá le comprara un globo como aquellos que estaban subiendo y subiendo. Al gastar gratuitamente algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente le valorara todos los que aún le quedaban, y que eran muchos. Porque realmente tenía globos de todas formas,tamaños y colores.En poco tiempo ya eran muchísimos los niños que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que imitando lo que viera, había dejado que el suyo trepara en libertad por el aire.Había allí cerca un niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba con tristeza todo aquello.Parecía como si un honda angustia se hubiera apoderado de él.El vendedor, que era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole le ofreció un globo.El pequeño movió la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.-Te lo regalo, pequeño-le dijo el hombre con cariño, insistiéndole para que lo tomara.Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes, hizo Una vez había una gran fiesta en un pueblo.
Toda la gente había dejado sus trabajos y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa linda una pudiera imaginarse.Los niños eran quienes gozaban con aquellos festejos populares.Había venido de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales amaestrados y domadores que les hacíanhacer pruebas y cabriolas.También se habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores, que ofrecían golosinas, alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí los pesos que sus padres o padrinos les habían regalado con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajitos extras.Entre todas estas personas había un vendedor de globos.Los tenía de todos los colores y formas. Había algunos que se distinguían por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban a algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los globos eran originales y ninguno se parecía al otro.Sin embargo, eran pocas las personas que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían para comprar algunos.Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso, en un momento en que toda la gente estaba ocupada en curiosear y detenerse, hizo algo extraño.Tomó uno de sus mejores globos y lo soltó.Como estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó a elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de todo lo que había en la plaza.
El cielo estabaclarito, y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo que trepaba y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento quieto de aquella hora.El primer niño gritó: -¡Mira mamá un globo!Inmediatamente fueron varios más que lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el vendedor ya había soltado un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más grande. Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara de mirar lo que estaba haciendo, y se pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo de ver como un globo perseguía al otro en su subida al cielo.Para completar la cosa, el vendedor soltó dos globos con los mejores colores que tenía, pero atados juntos. Con esto consiguió que un tropilla de niños pequeños lo rodeara, y pidiera a gritos que su papá o su mamá le comprara un globo como aquellos que estaban subiendo y subiendo. Al gastar gratuitamente algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente le valorara todos los que aún le quedaban, y que eran muchos. Porque realmente tenía globos de todas formas,tamaños y colores.En poco tiempo ya eran muchísimos los niños que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que imitando lo que viera, había dejado que el suyo trepara en libertad por el aire.Había allí cerca un niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba con tristeza todo aquello.Parecía como si un honda angustia se hubiera apoderado de él.El vendedor, que era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole le ofreció un globo.
El pequeño movió la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.-Te lo regalo, pequeño-le dijo el hombre con cariño, insistiéndole para que lo tomara.Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes, hizo nuevamente un ademán negativo rehusando aceptar lo que se le estaba ofreciendo.Extrañado el buen hombre le preguntó al pequeño que era entonces lo que lo entristecía. Y el negrito le contestó, en forma de pregunta:-Señor, si usted suelta ese globo negro que tiene ahí ¿Será que sube tan alto como los otros globos de colores?Entonces el vendedor entendió. Tomó un hermoso globo negro, que nadie había comprado, y desatándolo se lo entregó al pequeño, mientras le decía:-Hace vos mismo la prueba. Soltalo y verás como también tu globo sube igual que todos los demás.Con ansiedad y esperanza, el negrito soltó lo que había recibido, y su alegría fue inmensa al ver que también el suyo trepaba velozmente lo mismo que habían hecho los demás globos. Se puso a bailar, a palmotear, a reírse de puro contento y felicidad.Entonces el vendedor, mirándolo a los ojos y acariciando su cabecita enrulada, le dijo con cariño:-Mira pequeño, lo que hace subir a los globos no es la forma ni el color, sino lo que tienen adentro.

Entre el cielo y el infierno

Un hombre habló con el Señor acerca del cielo y el infierno.
El Señor le dijo a ese hombre: "Ven, te mostraré el infierno". Entraron en una habitación en donde un grupo de personas se encontraba sentado alrededor de una enorme olla de guisado.
Todos estaban desesperados y muertos de hambre. Cada persona sostenía una cuchara que tocaba la olla, pero cada cuchara tenía un mango mucho más largo que su propio brazo, de tal manera que no podía utilizarse para llevar el guisado a sus bocas. El sufrimiento era terrible.
"Ven, ahora te mostraré el cielo", dijo el Señor, después de un tiempo. Entraron en otra habitación, idéntica a la primera (la olla de guisado, el grupo de personas, las mismas cucharas con mango largo). Sin embargo, allí todos estaban felices y bien alimentados.
"No comprendo", dijo el hombre. "¿Por qué están felices aquí, si en la otra habitación se sienten miserables y todo es igual?"
El Señor sonrió. "Ah, es sencillo", respondió. "Aquí aprendieron a alimentarse mutuamente".
Es decir, mientras que en el infierno cada uno quiere comer con su cuchara y no es capaz de compartir con los demás, en el cielo cada uno piensa primero en el hermano y con su propia cuchara lo alimenta.
¿Alimentas tú a tus semejantes? No desde el punto de vista del alimento físico, sino en el sentido amplio de compartir con los demás (tu tiempo, tus posesiones, etc.).

Formula para ir al cielo

En cierta ocasión le preguntaron a Ramesh uno de los grandes sabios de la
India, lo siguiente:
Porque existen personas que salen fácilmente de los problemas mas complicados, mientras que otros sufren por problemas muy pequeños y se ahogan en un vaso de agua.

El simplemente sonrió y contó una historia....
Era un sujeto que vivió amorosamente toda su vida. Cuando murió, todo el mundo
decía que el iría al cielo, pues un hombre tan bondadoso solamente podría ir al
Paraíso.

En aquella época el cielo todavía no había pasado por un programa de calidad total.
La recepción no funcionaba muy bien, y quien lo atendió dio una ojeada rápida
a las fichas de entrada, pero como no vio su nombre en la lista, le oriento para que pudiera llegar al infierno. Y como en el infierno nadie pedía identificación, ni invitación, (cualquiera que llegara era invitado a entrar), el sujeto entro y se quedo.

Algunos días después, Lucifer llego furioso a las puertas del Paraíso y le dijo a
San Pedro:

Eso que me estas haciendo es puro terrorismo!!!
Mandaste aquel sujeto al infierno y el me esta desmoralizando. Llego escuchando a las personas, mirándolas a los ojos, conversando con ellas, abrazándolas y besándolas. El infierno no es lugar para eso, por favor trae a ese sujeto para acá.

Cuando Ramesh termino de contar esta historia dijo: "Vive con tanto amor en el corazón, que si por error vas a parar al infierno, el propio demonio te traerá de vuelta al Paraíso".

Humanos de un ala.....
Un día un ángel se arrodilló a los pies de Dios y habló: "Señor, visité toda tu creación. Estuve en todos los lugares. Vi que eres parte de todas las cosas. Y por eso vine hasta Ti Señor para tratar de entender. ¿Por qué cada una de las personas sobre la tierra tiene apenas un ala? Los ángeles tenemos dos. Podemos ir hasta el Amor que el Señor representa siempre que lo deseamos. Podemos volar hacia la libertad siempre que querramos. Pero los humanos con su única ala no pueden volar. No podrán volar con apenas un ala.
."Dios respondió: "Sí, ya se eso". "Sé que hice a los humanos solamente con un ala..."
Intrigado el ángel quería entender y preguntó: " ¿Pero, por qué el Señor dió a los hombres solamente un ala cuando son necesarias dos alas para que puedan volar?"
Sin prisa, Dios respondió: "Ellos sí pueden volar, mi ángel. Di a los humanos una sola ala para que ellos pudiesen volar más y mejor que nuestros Arcángeles... Para volar, mi pequeño amigo, tu precisas de tus dos alas. Y aunque libre, tú estas solo. Mas los humanos... Los humanos con su única ala
precisarán siempre dar las manos a alguien a fin de tener sus dos alas. Cada uno ha de tener un par de alas. Cada uno ha de buscar su segunda ala en alguien, "en algún lugar del mundo", para que se complete su par. Así todos aprenderán a respetarse y a no quebrar la única ala de la otra persona
porque pueden estar acabando con su oportunidad de volar. Así mi ángel, ellos aprenderán a amar verdaderamente a la otra persona. Aprenderán que solamente permitiéndose amar, ellos podrán volar. Tocando el corazón de otra persona, ellos podrán encontrar el ala que les falta y podrán finalmente volar. "Solamente a través del amor podrán llegar hasta donde estoy... Así
como lo haces Tú, mi ángel. "Ellos nunca, nunca estarán solos al volar."


Las Albondigas
Había una vez una persona que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado y por lo tanto no oía radio, no leía los periódicos ni veía la televisión. Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla y anunció su mercancía gritando a todo pulmón:
"Compren deliciosas albóndigas calientes".
Y la gente se las compraba. Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para poder ocuparse de su negocio, y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara.
Sin embargo, ocurrió algo muy importante; su hijo le dijo: "Viejo, ¿tú no escuchas la radio, ni lees los periódicos...?. Estamos sufriendo una grave crisis!. La situación es realmente mala; peor no podría estar!!".
El padre pensó: "Mi hijo estudia en la Universidad, lee los diarios, ve televisión y escucha la radio. Debe saber mejor que yo lo que está pasando..."
Compró entonces menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora, dejo el alquiler del terreno con el fin de eliminar los gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más.
"Tenías razón hijo mío", le dijo al muchacho. "Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis".

MORALEJA
No sigamos hablando de crisis.
Hablemos sólo de hacer buenos negocios, buenos trabajos y buenas tareas.
Si nos programamos para fracasar, fracasaremos.
Si nos mentalizamos para ganar, ganaremos.
Es una simple elección personal.


Simultaneas de ajedrez
Cuando estaba cerca de cumplir trece años y estudiaba en un colegio público en mi ciudad natal, todos los estudiantes recibimos una convocatoria para participar en el equipo de ajedrez que nos representaría en los campeonatos de nuestra región y a nivel nacional. La convocatoria fue realizada por nuestro profesor de Biología, alguien quien además de ser el mejor profesor de nuestro colegio, era un aficionado a dicho juego. Todo consistía en presentarse un fin de semana para jugar algo llamado: "Simultanea de ajedrez" en la cual un maestro en dicho juego se enfrentaba a varios aficionados en diferentes tableros durante toda una jornada, hasta que quedara un vencedor, este normalmente era el maestro.
Mi mejor amigo de la infancia, Fabián Cristóbal, me había enseñado a jugar ajedrez después de que su hermano mayor, Guillermo se lo hubiera enseñado a él; desde ese momento hasta la fecha de la simultanea, habíamos creado un campeonato entre los dos que superaba los cuatrocientos tableros jugados; lógicamente él era superior a mí, pues lo había practicado por más tiempo y él era mi maestro en el juego, pero un día después de tantos tableros nos dijimos: ¡Jugaremos una ultima vez y el ganador, será el ganador absoluto! Recuerdo que fue una batalla mental entre dos niños que no estaban dispuestos a perder, y dos horas después de haber sacrificado todas nuestras fichas en dicho juego, declaramos el empate; es decir: "tablas". Esa fue la mejor partida de ajedrez que jamás jugué y la recuerdo con especial cariño, porque jamás volví a jugar con él.
Volviendo a ese fin de semana en el colegio: Francisco Antonio de Ulloa, Nuestro profesor de Biología estuvo muy animado desde temprano, pues se presentaron treinta jugadores dispuestos a ocupar un puesto dentro del equipo; Ese mismo día descubrí que nuestro profesor era un maestro de ajedrez, pues eliminó a la mitad de los jugadores con una magistral destrezay en relativamente, poco tiempo.

Habíamos empezado a las 8:15 AM, y corría la mañana con numerosos visitantes que se sorprendían de las diferentes jugadas en los tableros que continuaban con vida, había por lo menos 150 personas interesadas en los diferentes desenlaces y por supuesto, algunos actuaban como voluntarios ofreciendo
consejos gratis para vencer al maestro. Recuerdo que esa mañana me vestí con el único traje limpio que tenía y de hecho, era el único elegante que poseía: color azul, tanto la camisa como el pantalón haciendo juego con la correa y los zapatos negros.
Más o menos a media mañana sucedió algo inusitado en aquella simultanea de ajedrez, mi tablero le presento al maestro, el único jaque con real peligro de terminar en jaque -mate con dos jugadas adicionales; independientemente de las jugadas que pudiera desarrollar el maestro en defensa propia, el desenlace sería fatal para él. Como consecuencia de eso, todos los tableros aceleraron sus jugadas, terminaron a favor del maestro y tanto visitantes como jugadores se concentraron alrededor de mi tablero, especialmente el maestro. Quien empezó a sudar copiosamente, a respirar entrecortado y a gesticular palabras que solo él entendía; lo había puesto en un serio aprieto y él sabía que iba a perder. Durante todo el tiempo que jugué con Fabián Cristóbal nunca me importo perder, porque simplemente era un juego, pero en el último tablero que compartimos, nadie cedió nada y así quedamos, literalmente empatados; pero en este caso, al maestro le importaba mucho ese tablero y cuando me di cuenta de que a mi no me importaba, moví una ficha atrás y le deje un corredor para huir; el comprendió que lo estaba ayudando y huyo por el camino que le preparé y durante las siguientes dos horas nos dedicamos a soltar nuestras mejores jugadas hasta que el juego terminó en un empate.

El maestro sabía que jamás hubiera podido ganar y que ese empate solo fue posible por el corredor que le deje para huir. Su prestigio quedó intacto y salió invicto de esa simultanea; pero yo sabía que le había permitido eso por voluntad propia y sin eso, él hubiese perdido sin remedio en ese tablero; la verdad quedó entre el y yo; los demás disfrutaron de una verdadera partida de ajedrez y salieron felices para su casa; el equipo de ajedrez jamás se realizó, no había presupuesto para viajes y otras cosas; así que no ocurrió nada memorable de que arrepentirse por haber cedido esa partida. Por otro lado, esa es la razón por la que menciono las partidas simultáneas de ajedrez, aquel día que aprendí por primera vez el significado del término: "simultaneas de ajedrez". En ese entonces no sabía si serían útiles.
Uno de los escritores que influyo mi decisión de escribir fue Og Mandino, él solía referirse en varios de sus libros a la manera como el jugaba una partida de ajedrez con Dios y como de cuando en cuando aparecía en el tablero de su vida, una jugada parecida a un jaque, que exigía mayor cuidado y de cuya respuesta se desprendían nuevos capítulos; él hacía énfasis en sus respuestas y en cómo se las entregaba con una frase parecida a esta: "Señor, ahora te toca a ti mover".
Ahora bien, la idea de Og mandino y el recuerdo de la simultánea de ajedrez en el Colegio donde estudie parte de la secundaria se han presentado de manera insistente en mi corazón para guiarme en un nuevo y fascinante descubrimiento. Todo se ha desarrollado como un interesante hallazgo mientras leía la primera novela del escritor Arthur Golden, quien a través de la hermosa historia: "Memorias de una Geisha" nos muestra el mundo oriental ayudado de una mágica historia de amor con todos los ingredientes para atrapar la atención del lector. Finalizando la novela, su protagonista, La bella Sayuri expresa una idea magistralmente sencilla, que encierra toda la sabiduría en ella: "Cuando avanzas contracorriente cada punto de apoyo adquiere una importancia característica". Esta frase resume mi idea de cómo la vida es un maravilloso juego que se desarrolla como una simultanea de ajedrez, con minucioso detalle y cuya magnitud es simplemente sorprendente.
Sé que nuestra llegada a la tierra encierra para todos un cúmulo de dificultades que vamos resolviendo con el tiempo, unos mas que otros logran hacerlo de una manera afortunada, pero sin temor a dudas cada dificultad se vuelve parte de un capitulo que escribimos íntimamente y que finalmente narra nuestra historia personal. Después de este preámbulo prolongado, me arriesgo a compartir algunas revelaciones que tuve permitiéndome escuchar a mi corazón en muchos apartes de la vida, cuando llegue a pensar que la misma era como un tablero de ajedrez en donde pulía mis talentos y me deshacía de mis debilidades, todo como un continuo caminar en compañía de mi Padre. tal vez son importantes para mi, porque así descubrí mas de mi relación con él, en ningún momento son pretensiosas ni buscan algo contrario a expresar amor.
Las partidas difíciles de ajedrez se ganan con paciencia. Para ganar no es suficiente con querer ganar, es necesario apoyarse en una paciencia inquebrantable que sea capaz de voltear cualquier resultado en contra; es decir, desarrollar la capacidad de sonreírle a la adversidad con la paciencia necesaria para que esta renuncie agotada y se marche de nuestras vidas. Siempre he creído que podemos extraer belleza ahí en donde en apariencia solo encontramos fealdad

Aunque parezca imposible, la peor partida de ajedrez se puede ganar. Es necesario un corazón bondadoso, bello y valiente, pero adicional a eso, yo considero que debemos desarrollar la astucia necesaria para prever la maldad a nuestro alrededor, de tal manera que podamos evadirla sin lastimarnos. Se que hay montañas de fracasos ahí en donde alguien encontró el éxito. Sé que
en muchas ocasiones no obtenemos la respuesta que buscamos porque no hacemos la pregunta correcta y se que en donde muchos se preguntan: Porqué? siempre hay uno que se pregunta: Porqué no? Siempre hay una solución y esa, siempre es la mejor solución del Padre, la del amor.
El ajedrez así como la vida es un maravilloso juego. Podemos vivirlo de una manera divertida, no necesariamente descuidada; podemos comprender su funcionamiento y emplear ese conocimiento para fluir a través de la vida sin excusas ni lamentos; pero sobretodo, es un juego de gran dignidad, así como el amor es una fuerza única que debemos tratar con amoroso cuidado. Quiero decir, que debemos ser dignos del regalo de la vida, del regalo del amor y hacer todo lo que esta en nuestro alcance para ser merecedores de ese privilegio. Pues no hay nada más gratificante que disfrutar algo de lo que nos sentimos merecedores.
Sky Paradises
08.17.03

La vida es como el tiro con arco / Autor: Beatriz Alatorre
El blanco era difícil.
Un águila oscura con solo una pluma blanca en la punta del ala volaba alto, muy alto en curvas caprichosas, y desde el suelo con una sola flecha había que arrancarle la plumita blanca sin herir al ave.
Llegó el primer arquero al centro reglamentario, y el Maestro le preguntó: "-¿qué ves?" Contestó: "-Veo el público, y mi familia y amigos...; veo el prado y las plantas y los árboles que me rodean; veo las nubes en el cielo, y el águila que entre ellas vuela". "-Ves demasiado", dijo el Maestro, y lo despidió.
Llegó el segundo. "-¿Qué ves?" "-Veo sólo el punto blanco de la pluma que he de alcanzar con mi flecha". "-Ves demasiado poco", dijo el Maestro, y lo despidió.
Llegó el tercero. "-¿Qué ves?" "-Más que ver, siento. Siento a mi alrededor el público que con sus voces y sus gestos señalan el vuelo del águila; siento en mi piel la fuerza y la dirección del viento que me indica sin yo distraerme, hacia dónde va a empujar mi flecha; siento el arco y la flecha como prolongación de mi brazo y mano, y la pluma blanca en el cielo que se deja acariciar desde aquí por mi mirada". "-Tú estás preparado", dijo el Maestro, "puedes tirar".
Hubo un momento de susurros y miradas, de brisas y caricias, del sonido vibrante del arco seguro y la trayectoria certera de la flecha veloz. Un momento en que el todo se unió con el todo, y árboles y nubes y rostros y miradas se unieron en la punta de la flecha y en el copo blanco de la pluma que descendió satisfecha de satisfacer a todos. Cuando todo es uno, todo vive".
Me gustó la historia, firmada por la hermana Teresita Santamaría, pues pensé que más que hacer cosas hay que vivirlas, sentir ese momento mágico que está escondido en cada cosa. A veces estamos replegados sobre nosotros mismos, no somos capaces de ese sentir la vida. El egoísmo nos impide darnos cuenta de lo que hay a nuestro alrededor, nos anula, priva de ser uno mismo quien actúa. Tendemos a dejarnos llevar por la rutina, el aburrimiento, y en esta situación caben las dos posibilidades: caer en la rutina que esclaviza -ver poco- o como el primer arquero ver demasiado, divagar, es fácil que la imaginación se desate y busque un refugio en la fantasía que, alejando de la realidad, acaba adormeciendo la voluntad. Es la 'mística ojalatera', hecha de ensueños vanos y de falsos idealismos: ¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esa profesión, ojalá tuviera más salud, o menos años, o más tiempo!" En esos casos, uno tiende a escapar de aquella situación a la que no quiere enfrentarse. Como la protagonista de la novela "Donde el corazón te lleve" de S. Tamaro, que dice a la abuela que se va a América, pues "así al menos no pierdo el tiempo y aprendo idiomas". Pero le contesta la abuela que la vida no es una carrera sino un tiro con arco, lo importante en la vida no es hacer muchas cosas y no perder nunca el tiempo sino estar centrado, y el que no está centrado está descentrado, inquieto hasta que encuentra su centro.
Hay que evitar esos dos peligros: ver tan poco que uno acaba esclavo del deber, trabajo, afán de dinero... y está aburrido; y como consecuencia la cabeza va hacia otra parte, escapa entre ensueños que alejan de la realidad. Hemos de vivir la vida, estar centrados en lo que toca en cada instante, y "sentir" el momento presente como la única cosa existente, sin pensar en lo que pasó ni en lo que vendrá. Dios está como escondido en cada quehacer, y ese "algo divino" que está en todas las cosas está siempre ahí, esperando que sepamos encontrarlo, vivir cada instante con "vibración de eternidad", como recordaba estos días Mons. Javier Echevarría con unos versos del poeta Joan Maragall, que comprendía muy bien ese "algo divino" encerrado en cada instante:
"Esfuérzate en tu quehacer / como si de cada detalle que pienses, / de cada palabra que digas, / de cada pieza que pongas, / de cada golpe de martillo que des, / dependiese la salvación de la humanidad / porque en efecto depende, créelo".

La luciernaga y la serpiente
Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una Luciérnaga.
Ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora y la serpiente no pensaba desistir.
Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada.....
En el tercer día, ya sin fuerzas, la Luciérnaga paró y dijo a la serpiente;

-Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro dar éste precedente a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar.....

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

- No, ¿Yo te hice algún mal?

- No

- Entonces, ¿Porque quieres acabar conmigo?

- Porque no soporto verte brillar.....